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martes, 12 de enero de 2010

Si lo pruebas, lo compras

¿Le gusta el aroma? Hemos pulverizado en su edificio para que conozca nuestro "Purificador ambiental Nº 1"
Un sistema de promoción definitivamente llamativo que no deja a nadie indiferente. Sin embargo una campaña de marketing es mucho más que llamar la atención

viernes, 12 de junio de 2009

El queso de Jasper y Lía Terlouw


Cuando en el mercado se venden cientos de productos iguales al tuyo, y el consumidor es incapaz de encontrarte hay que ser creativo para añadirle valor a tu producto, es decir: hacerlo especial incluso con elementos que van más allá de sus características físicas.
En Holanda la empresa Boeren Kaas que, según entiendo, funciona como una cooperativa, identifica sus quesos con las fotos y los nombres de los granjeros que los han producido. Con ello demuestran el caracter artesanal de sus productos y se diferencian de las opciones industriales de menor precio.
Un buen ejemplo para esos empresarios que dicen que lo tienen todo perdido porque sus productos se han convertido en commodities

domingo, 22 de febrero de 2009

El poder de la marca- Cerveza Duff


No sé nada de los productores, parece que se trata una empresa mexicana. Sobre los distribuidores sólo que la distribuye Crusat desde Barcelona. Pero es una manera genial de aprovechar el prestigio de un nombre para potenciar la distribución. Si fuera una marca nueva, tendrían que negociar, promocionar e impulsarla gastando una fortuna. Sin embargo en este caso he notado que los bares presumen de tenerla y la ofrecen espontáneamente a los clientes. Me pregunto si los productores de los Simpson están cobrando algo por el uso de esta marca, al fin y al cabo son ellos los que le ahorraron el trabajo a quienes ahora la venden en el mundo real.

viernes, 23 de mayo de 2008

Las dos objeciones

La máxima del marketing es la satisfacción del consumidor. Quien trabaja en esto debe dedicarse a anticipar y entender lo que el consumidor realmente busca, incluso antes de que lo haya expresado. El ideal de un marketero (¿se dirá así?) es imaginar un mundo en el que las fuerzas sociales y económicas acaben nivelándose por el efecto de la oferta y la demanda y el desarrollo de un estado general de bienestar. El problema es que hasta el momento la satisfacción del consumidor, luego de un aparente avance en el bienestar mundial ha empezado a acentuar las desigualdades, ese "mundo feliz" cada vez alcanza a menos, y no hablemos del futuro que se avecina con cambio climático y escasez de materias primas que parecen convertir la economía en un sistema concreto y primitivo donde lo realmente valioso va a ser, paradójicamente. lo que siempre lo fue: el agua, la tierra, el aire y los alimentos.

Es indignante escuchar a "gurús de la gerencia" que ante este panorama se limitan a defender el modelo de marketing de "añadir valor" y crear productos mejores, y posicionar marcas y buscar nuevos mercados, cuando es obvio que si no miramos puertas afuera a nuestro estilo de vida le queda sólo un ratito.

No digo que el marketing haya perdido sentido. Todo lo contrario, ha sido capaz de demostrar su efectividad para resolver problemas empresariales y ha sido el motor de importantes cosas que nos permiten vivir mejor, nos divierten y mejoran nuestras posibilidades de estar informados Pero ha hecho un flaco favor al desarrollo social. En mi opinión la falla, y la solución está en dos objeciones para las que aún no encuentro respuesta.

La primera se trata del uso de "la información privilegiada". Según George Akerlof ningún mercado puede funcionar correctamente si una de las partes posee información privilegiada. Esta teoría se usa para resolver transacciones en las que una parte oculta a la otra cierta información vital que obliga a la otra parte a hacer suposiciones probablemente erróneas. Esta teoría intenta resolver problemas en ciertos mercados en los que "jugar a cartas ocultas" dificulta mucho que los precios reflejen la realidad, como por ejemplo el mercado de coches usados o el de los seguros privados (Ver El Economista Camuflado de Tim Harford). Sin embargo imaginemos que en vez de hablar de un mercado hablamos de un planeta en el que solo una pequeña parte de la población posee preparación, información y poder suficiente para negociar con la otra, el resultado es un evidente beneficio de unos en perjuicio de los otros. Pero si esa información (no digo el dinero para no meterme en líos de distribución igualitaria de riquezas) fuera poseída por todos, las empresas tendrían que esforzarse mucho más para sobrevivir en una sociedad escéptica de los fabulosos beneficios que promete la publicidad y una sociedad que comprendería mejor los factores que influyen en la fijación del precio de un producto y descubriría que muchas veces el valor de un producto es muy inferior al que paga.

La segunda objeción es que muchas veces la satisfacción de un cliente no indica necesariamente su beneficio a largo plazo. Pongo un ejemplo: imaginemos una universidad que se dedicara sólo a dar a sus alumnos lo que ellos le piden. Es cierto que posiblemente tendríamos una educación más acorde con los tiempos. Pero si llevamos el ejemplo al extremo nos encontramos con que el alumno está ahí para aprender y obviamente alguien tendrá que guiarle. Y muchas veces ese guía (profesor, director de programa, rector) va a confrontarle, incomodarle, molestarle o desconcertarle. Ante lo cual el alumno simplemente puede asumir que esto no es lo que le satisface y que por tanto no vale la pena pagar por esa universidad. Este problema se ve todos los días en los periódicos o telediarios: ¿En qué medida estamos siendo informados correctamente y no hay alguien decidiendo lo que es noticia para nosotros según los resultados del rating?

Es cierto que en los avances humanos ha jugado mucho el desarrollo que busca la satisfacción del individuo. Pero también ha sido vital seguir ciertos modelos de comportamiento que no necesariamente promueven el beneficio a corto plazo, sino que entienden que la responsabilidad de educar, informar y prevenir son más importantes que dejar a la gente contenta para que nos compre más.

lunes, 17 de marzo de 2008

Lo bueno, si caro, dos veces bueno


Hace un par de meses aparecieron las conclusiones de una investigación del Harvard Graduated Business School que demostró el mecanismo de un proceso que, aunque parece evidente no siempre estamos conscientes de él.

El estudio era simple: consistía en hacer probar a una persona varias copas de vino de las cuales sólo conocían su precio. Tras probar las copas, la mayoría de los investigados acabaron eligiendo al de mayor precio como su preferido. Lo que no sabían era que el vino era el mismo en todas las copa. Era sencillo suponer que estamos condicionados a asociar calidad a altos precios, sin embargo lo sorprendente del estudio es que durante todo el proceso se monitoreaban las reacciones del cerebro, y las zonas que controlan el placer efectivamente registraban sensaciones más intensas con el vino "más caro".

Entonces no se trata de una simple respuesta condicionada, el vino más caro realmente "gusta más" aunque sea igual que el barato. Esto explica como estamos dispuestos muchas veces a pagar más por productos que tienen una marca prestigiosa aunque seamos incapaces de notar la diferencia, somos capaces de sugestionarnos no solo al punto de creer sino de sentir realmente que son mejores.

La próxima vez que elijas entre dos productos, mira bien, quizás te encuientres que son idénticos pero tu cerebro se ha ido sugestionado para sentir una experiencia más placentera por el caro.

sábado, 8 de marzo de 2008

¡Por favor, no mire a la cámara!

El primer post de este blog no podía ser de otra cosa, pues es de lo que se habla en estos días.

Al ver las piezas publicitarias del PP queda claro que se decantó por la típica foto de frente del candidato que busca expresar benevolencia y confianza. Sin embargo el PSOE ha colocado a su candidato en posturas más informales, casi "pillado in fraganti" en medio de un discurso.


La imagen de Rajoy es clásica, tan típica que podría haber sido utilizada en cualquiera de las campañas anteriores. Sin embargo llama la atención el giro del PSOE buscando naturalidad, lo cual coincide con el surgimiento de ese público cada vez más conocedor, menos susceptible de ser impactado por una simple fotografía, porque sabe que existen entretelones hechos para seducirle. No es un secreto la meticulosidad con la que seleccionan estas imágenes. Ni la de Rajoy se tomó en un "fotomatón" ni la de Zapatero es un simple "pillado". En ambos casos se ha escogido una foto entre cientos y se le ha dado algún retoque en el Photoshop, buscando la imagen más potente posible. Sin embargo la del PSOE parece que al menos ha considerado que el público se hace crítico y se va familiarizando con las tácticas publicitarias para engancharle. Se ven ejemplos semejantes en el modo de hacer TV, de hacer cine, de hacer radio; en todos empieza a haber caminos que buscan la naturalidad sobre la pose. Quizás la sociedad empieza a verle las costuras a los medios.